El incremento de la población humana del planeta supone un problema medioambiental, porque para cubrir las necesidades de las personas hay que recurrir a los recursos de la Tierra, y si no se realiza una gestión adecuada, muchos de ellos pueden agotarse.
Además, también debe considerarse que existe un reparto desigual de la riqueza: mientras que los países industrializados consumen el 80 % de los recursos, más de la mitad de la humanidad tiene que sobrevivir en condiciones límite y un tercio vive en una situación de pobreza absoluta.
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